La delgada línea que separa la Luz de la Oscuridad, es el camino que el Maestro Raetor eligió por iniciativa propia, danzando entre ambas, ha visto lo mejor y lo peor que podían ofrecerle, ahora, en la época de la Gran Guerra Galáctica y tras la Paz de Coruscant, el Maestro Gris es el brazo derecho del líder de la Academia de Sion, ha rastreado incontables sistemas galácticos y reclutado una cantidad incomparable de nuevos miembros para la Academia…
… pero si el Consejo descubriera su secreto, no solo su posición, sino la de la Academia de Sion estarían en un grave peligro…
Muchos Jedis, a lo largo de la historia de la Orden, han sucumbido a las ansias de poder o conocimiento que sus habilidades superiores les permitían, aunque en la mayor parte de los casos, la misma Orden consiguió poner coto a sus insanos deseos… uno de los Jedis que consiguió escapar a esta, fue el Caballero Maur´Keth.
Años antes del comienzo de la Gran Guerra Galáctica, Maur´Keth había alcanzado el honor de convertirse en Caballero Jedi, pero a lo largo de sus misiones, el Consejo noto ciertos patrones en su comportamiento que llegaron a ser una señal de alarma, cuando quisieron tomar cartas en el asunto, Maur´Keth había desaparecido en el Espacio Salvaje y todos los intentos de localizarle fueron infructuosos.
El Caballero renegado, arrastrado por deseos ocultos durante años, había abandonado la Orden y se convirtió en una mercenario de la Coalición Hutt, convirtiendo sus habilidades y conocimientos del sistema de la Republica en una fuente constante de créditos en su cuenta bancaria, lo cual se convirtió en una constante en su vida en los años previos a la guerra a la par que experimentaba con el largamente prohibido Lado Oscuro de la Fuerza.
En una de sus múltiples misiones, Maur´Keth se topó con un joven esclavo Twi´lek que en condiciones normales y en el espacio de la Republica, habría sido un candidato perfecto para unirse a los Jedi, pero aquí, en el Espacio Hutt y en una nave de esclavos, el futuro que espera a aquel niño no era para nada esperanzador. Maur´Keth no tuvo reparos en “convencer” al esclavista para que le trasfiriera el contrato de propiedad del esclavo, y llevándolo de vuelta a su base de operaciones en el planeta Kwenn, decidió rentabilizar su nuevo activo entrenándolo en las artes que el ya conocía, si el solo podía ganar tantos créditos, pensó el Jedi renegado, que no podría conseguir si tenía un lacayo entrenado.
Dándole el nombre de Raetor a su nuevo aprendiz, Maur´Keth se enfrasco en la ardua tarea de entrenarlo al tiempo que seguía cumpliendo sus valiosos contratos con los Hutts, los años siguientes fueron extremadamente duros para el Twi’lek, su entrenamiento carecía de las doctrinas básicas de la Orden Jedi, por lo que la diferencia entre el Bien y el Mal eran totalmente desconocidas. Su maestro le enseño a refinar sus habilidades innatas, a canalizar la Fuerza a través de él y conseguir cosas increíbles, pero también le enseño a ser un letal asesino, desarrollando el joven un estilo de combate propio que en futuro, seria parte de su huella personal.
A la edad de 16 años, Raetor era un prometedor aprendiz y Maur´Keth, pese a su egoístas deseos de riqueza, había comenzado a verlo más como un hijo que como un activo, le había enseñado habilidades de la Luz y la Oscuridad, y su particular estilo de combate, cambiando rápidamente del uso del sable doble para el combate directo, a separarlo y usarlo como dos sables separados cuando la situación requería una férrea defensa, casi había alcanzado su cúspide … pero no todo iba bien, la Gran Guerra había comenzado, y el caos generado, Maur´Keth y Raetor se vieron obligados a huir y buscar nuevos contratos, mas provechosos, pero infinitamente más peligrosos, el Caballero renegado firmaría su sentencia de muerte en el mismo instante que firmo su primer contrato con el Imperio.
Las nuevas misiones de Maur´Keth y Raetor les llevaron tener que enfrentarse a riesgos muy superiores a los que habían pasado mientras habían estado con los Hutts, pero en la situación que estaba la galaxia, enormes sumas de créditos para aquellos cazarrecompensas que los llevaran ante la justicia en varios sistemas planetarios y un contrato de trabajo para el Imperio, no se podían permitir esconderse como habían hecho en situaciones anteriores, el desastre estaba a punto de avecinarse sobre Raetor …
Cuando el Imperio envió a Maur´Keth y Raetor a la base republicana de abastecimiento en Korda, poco podían prever los dos sobre el futuro que les deparaba, aquella misión no se salía de su rutina habitual en los últimos tiempos, entrar, sabotear y salir, pero obviamente, alguien tenía otros planes. En un principio todo salió a pedir de boca, las habilidades combinadas del maestro y el aprendiz, les proporcionaron un acceso relativamente cómodo a la base, únicamente debían llevar a los bancos de datos del sistema central e introducir el programa que el Imperio les había dado en las subrutinas adecuadas, desgraciadamente para ambos, su plan comenzó a irse al traste tan pronto como pusieron sus pies en el interior de la base.
Días antes de la llegada del Caballero renegado y su aprendiz, un informante anónimo delato el plan de sabotaje, los datos no eran suficientes para una defensa a gran escala del perímetro de la base, pero si para saber la ruta que había de seguir el grupo que iba a perpetrar aquella acción. Rápidamente tras recibir la información, el comandante de la base había solicitado apoyo a la Orden Jedi, por lo que esta envió al planeta a la Maestra Beirel y a la Sombra Bel´Sair junto con una dotación de tropas de defensa.
La fuerte conexión con la Fuerza que poseía Raetor, le permitió darse cuenta de que algo no iba bien en aquella misión, y su maestro, que confiaba ampliamente en sus predicciones, decidió que la mejor opción en aquel caso, y teniendo en cuenta la situación que pasaban por su relación con el Imperio, seria separarse, Raetor atraería la atención de las tropas defensa, utilizando sus habilidades para escapar cuando el plan se hubiera completado.
Al joven twi´lek no le costó demasiado comenzar a hacer saltar alarmas por todo el complejo, escabulléndose rápidamente y provocando un autentico caos en las fuerzas de defensa, pero también se dio cuenta de que alguien, con habilidades muy similares a las suyas estaba siguiéndole. Raetor busco el lugar adecuado para el combate que se avecinaba, dar esquinazo a los soldados no era problema, pero sabía que un Jedi le estaba siguiendo, y eso sería más problemático sin duda.

“Muéstrate Jedi –grito Raetor cuando estuvo seguro de que ya nadie más iba a molestarles-, solos tu y yo.”
A un lado suyo, Raetor pudo ver como se rasgaba el velo de Fuerza que envolvía a la twi´lek que le había estado siguiendo, el brillante tono turquesa da su piel contrastado con los ropajes negros tan comunes en las Sombres Jedi no hacía sino resaltar la belleza de su contrincante.
“Ni Jedi ni Sith –dijo Bel´Sair-, notó la Oscuridad en tu interior, pero aun no te domina.”
“Tienes razón Jedi, a mi no me domina nada ni nadie, pero tú eres una molestia, y no tengo tiempo para charla contigo sobre filosofía en estos momentos...”
No era el momento para pensar, sino para actuar, Raetor activo su sable y se lanzo contra la Jedi, podía ser bella, pero ahora lo que importaba era la misión, el combate que a continuación se produjo, era una batalla sin igual entre dos maestros que parecían danzar mientras sus sables se cruzaban, al igual que él, la Sombra luchaba con una sable doble, manejándola de una forma que no pudo más que arrancar de Raetor algunos pensamientos de alabanza. Raetor contrarresto los rápidos y precisos ataques de sus contrincante separando la empuñadura de su sable y ganando una superior posición defensiva con ello, pero el tiempo apremiaba, no podía estar así todo el día, decidido a cambiar la situación, comenzó con maniobras más agresivas, tratando de forzar un error decisivo en la Jedi, pero el estilo de esta parecía… perfecto.
“No vas a derrotarme –dijo la Jedi esquivando otro de los ataques de Raetor-, he luchado contra contrincantes como tú, al final cometerás un error, y serás derrotado.”
“Hablas demasiado Jedi –mascullo Raetor redoblando sus esfuerzos por romper aquella férrea defensa.”
Pero en el fondo, Raetor sabía que tenía razón, no veía huecos en la manera en que la twi´lek se defendía, los arcos que trazaba con las hojas de su sable parecían cerrar cada una de las aproximaciones, y además se movía con una endemoniada agilidad, entonces, de pronto, Raetor vio tambalearse a la Jedi, daba la sensación de que algo la hubiera golpeado, vio como bajaba su defensa y dejando caer su sable al suelo se llevaba las manos a la cabeza, y no titubeo … con un rápido ademan de su mano a la par que se concentraba, canalizo al Fuerza golpeándola y derribándola, para un segundo después encontrarse sobre ella con el filo de su sable a escasos centímetros de su rostro.
“No vas a matarme –dijo casi en un susurro.”
Raetor no se movió de aquella posición, por alguna razón, aquellos profundos ojos azules parecían tener algún efecto hipnótico sobre él, pero la victoria era suya y ahora debía ocuparse de ayudar a Maur´Keth. Se concentro ligeramente en el sable de la Sombra, lanzándolo al interior de una de las maquinas de la sala, donde pudo escuchar como este era aplastado.
“Y ahor…”
Las palabras de Raetor murieron antes de ser pronunciadas, con un rápido movimiento, la twi´lek se desembarazo de él, poniéndole la mano en la frente, fue como una estallido, por un breve instante pudo ver lo mismo que ella veía, como un destello vio a su maestro luchando junto a otra Jedi contra dos Sith en la sala del banco de datos, vio morir a la Jedi… y después vio caer a Maur´Keth.
Raetor cayó de espaldas sobre el suelo junto a la Jedi, se sentía como si le hubiera golpeado un rancor y le faltaba el aire en los pulmones, ¿qué era lo que acababa de ver?
“Maldición –dijo Raetor jadeando mientras se incorporaba-, ¿qué es lo que me has hecho?”
“Te iba a preguntar lo mismo –la Jedi también parecía medio asfixiada como si hubiera sufrido el mismo shock que Raetor-, pero quizás deberíamos firmar una pequeña tregua e ir a comprobar que es lo que está pasando.”
“Tregua pues –respondió Raetor-, como la mitad de lo que he visto sea cierto, voy a matar a esa zorra Sith y a su perro de presa.”
**** Continuara ****




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